lunes, 11 de enero de 2010

REDRADO Y EL SMART POWER

redrado

 

La lucha política entre los planes del gobierno y los de la polifacética oposición no se tomó vacaciones. Ante los remilgos o del presidente del Banco Central a transferir las reservas con destino al Fondo del Bicentenario, la presidenta terminó despidiéndolo.

El funcionario decidió quedarse y apelar a la justicia. Fue alentado por el monopolio Clarín y el vicepresidente Julio Cobos, más el resto de los opositores que volvieron presurosos de Punta del Este (caso de la sempiterna ociosa Elisa Carrió).

Como algunos argentinos tienen más suerte que otros, Martín Redrado consiguió que la jueza María José Sarmiento le hiciera lugar a la reposición en el cargo en dos horas. Otras causas, por razones mucho más urgentes y atendibles, demoran semanas, meses y años.

Cuando Aníbal Fernández quiso presentar la apelación, la jueza de feria no estaba; había cumplido un rol político y se había tomado el olivo. Mandó a decir por los medios que el lunes a las 7 y 30 horas estaría en su despacho, una hora en que en general los magistrados no llegan. Salvo que estén todos los medios con sus cámaras encendidas.

El gobierno acusó al “golden boy” de mala conducta e incumplimiento de los deberes de funcionario público, porque había demorado ex profeso la provisión de las reservas (6.500 millones de dólares). Los abogados Gregorio Badeni y Juan Carlos Cassagne, alegaron que su cliente MR no había estado “ni a favor ni en contra” del Fondo del Bicentenario.

En los ´90 Cassagne fue director de Asuntos Jurídicos de Obras Públicas con Rodolfo Barra, preparando con éste y Roberto Dromi las privatizaciones. Luego le tocó presidir Aguas Argentinas como hombre todo terreno del grupo Suez.

Los antecedentes de los involucrados en este diferendo deben ser tenidos en cuenta pues a simple vista uno podría confundirse. Por ejemplo, como Redrado se opuso a girar el 14 por ciento de las reservas del Banco, es presentado por el monopolio mediático como José de San Martín II.

El mismo monopolio mediático que clamó por la exclusión del mundo si se dejaba de “honrar la deuda” o pedir préstamos al exterior.

Y el banquero es lo opuesto por el vértice a la noción de patriotismo, ídem Cassagne y los intereses políticos que lo sostienen en esta pulseada con el gobierno.

Los argumentos oficialistas, secundados por diputados de “centroizquierda” como Carlos Heller, de que al apelar a esas reservas el gobierno se ahorra intereses de los préstamos que debería pedir, suenan a sofisma.

Es que si no se paga esa cuestionada factura, no se debería pedir crédito alguno: se tendrían las reservas y los fondos del presupuesto, como hasta ahora.

El gobierno ha tomado una iniciativa distinta a la resolución 125 y la de las AFJP. En ambas el fin y los medios estaban en armonía, porque el impuesto a los sojeros sería invertido en planes sociales y el fin del curro de la jubilación privada derivaba fondos hacia el control del Estado.

Ahora, en cambio, se piden reservas para pagar una deuda que Alejandro Olmos y el juez Ballestero tildaron de ilegal. No hay nada progresista en eso.

La dualidad del kircherismo, capaz de hacer alianzas con Hugo Chávez y al mismo tiempo sonreír con Barack Obama en el “G-20”, explica que la presidenta haya retomado su intención de reabrir el canje con los bonistas holdouts y pagar al Club de París. Ese, y no otro, es el destino del Fondo del Bicentenario, que por eso mismo fue avalado por los banqueros Jorge Brito (Macro), Adeba y Abappra.

Pero hay formas y formas de oponerse a esa política oficial conciliadora con el capital financiero internacional. La derecha puso el grito en el cielo, con hipócritas alegaciones a la “la normalidad institucional”, la “división de poderes” y hasta la “autárquica” Carta Orgánica del BCRA, derivada en 1992 del Consenso de Washington y la pluma de Domingo Cavallo.

Frente al yerro de la presidenta, lo que un político progresista podía hacer era reclamarle que se modifique esa Carta Orgánica, se apruebe otra ley de Entidades Financieras y se designe otro titular que no sea del perfil neoliberal.

Pero de una crítica de ese sesgo, a unirse de hecho con Julio Cobos, Mauricio Macri, Gerardo Morales, Elisa Carrió, Felipe Solá y Francisco de Narváez, todo bajo la tutela de Clarín, media un abismo. Lástima que esto no se vea y se sume a la troupe destituyente deseosa de pagar mucho más deuda externa y en los términos que disponga Washington, achicando el gasto social y dando más poder a los monopolios.

Mientras esto sucede en nuestro país, en Honduras se ha producido un golpe de Estado para defender las instituciones y en Paraguay se está en vías de hacer algo parecido. Hillary Clinton ha dicho que “debemos utilizar lo que se ha llamado el ‘smart power’, el rango completo de herramientas que están a nuestra disposición, diplomáticas, económicas, militares, políticas, legales y culturales”.

¿QUIÉN ES MARTÍN REDRADO?

Retrocedamos a una nota de 2004 publicada en esta columna y veamos quién es este “golden boy” y como las piezas son movidas en uno u otro sentido, no por las ridículas contradicciones del gobierno, sino por los poderes económicos.

“La Argentina entrará al ALCA “con” el Mercosur. Es el eje de nuestra inserción en política internacional y en las negociaciones externas con los grandes bloques del mundo”. (Martín Redrado)

Martín Redrado, en su momento, representó la cabeza de UPAU, la agrupación de ultraderecha liberal de Alsogaray, que vio la luz en la época de la dictadura. Era lo que se pretendió mostrar como nueva dirigencia estudiantil cuando las juventudes peronistas y de izquierdas eran arrasadas y descabezadas.

Aparece en ese momento como emblema de la nueva dirigencia joven de derecha “sanita” de la política argentina en las postrimerías de la dictadura.

El apodo de “Golden Boy” se lo puso Magdalena Ruiz Guiñazú cuando lo empezó a mostrar como invitado y luego como columnista de su programa, en los primeros años 80’. Todavía no se había recibido cuando aparecía como figura mediática.

Martín Redrado fue hombre de las “relaciones carnales” con Colin Powell, en enero de 2002, cuando acordó votar contra Cuba de abril de ese año en la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra.

"Techint prefiere a EE.UU. antes que al Mercosur. En el grupo empresario dicen que hay que imitar el acuerdo de libre comercio que firmó Chile con Washington. Estiman que sería un buen primer paso hacia el ALCA", aseguró Clarín el viernes 7 de noviembre de 2003.

En los días previos a esta declaración, Techint había encomendado al vicecanciller Martín Redrado, a que pusiera en marcha esta posición. Por eso, Redrado aclaró que la oferta a EE.UU. de abrir el mercado de servicios y de inversiones no es "una oferta única y general" de todo el Mercosur sino de cada país.

Redrado se manifestó a favor de encarar "negociaciones bilaterales" con EE.UU. (Clarín, 4/11/03), en oposición a encararlas como Mercosur, en un calco de las posiciones de Techint.

Con este llamado del Grupo Techint a firmar un acuerdo de libre comercio con EE.UU. y deshacer el Mercosur, el principal puntal del kirchnerismo ha tomado la posta en concretar el principal objetivo del imperialismo yanqui para el continente.

Significa que el conjunto de la burguesía argentina se ha pasado a la órbita yanqui, algo que los "jóvenes K" creían que era exclusivo del menemismo.

El trabajo desde cancillería entre el vicecanciller Martín Redrado y Bordón está muy estrechado en torno a los elementos que custodian que no desmadre la lógica de cómo se debe re-negociar o re articular la crisis argentina en función de los intereses de los grandes grupos.

Cada pieza se ha colocado en su justo lugar.

Esta movida de sacar a Prat Gay y poner a Martín Redrado en el BCRA puede tener que ver también con un cambio de estrategia por parte de Estados Unidos.

Prat Gay es también un hombre muy ligado a Estados Unidos, pero a través de otros circuitos, de otras conexiones.

Prat Gay es un hombre que viene del JP Morgan, es decir, la banca de inversión y el poder financiero de Nueva York.

Martín Redrado es un hombre ligado a Washington, el FMI, y el Banco Mundial; y además tiene vinculaciones al comercio exterior de EEUU.

Gane Bush o gane Kerry, hay un poder permanente en Estados Unidos, más allá de quien sea el presidente. Lo que si cambia son las tácticas aplicadas a las colonias

.